sábado 14 de febrero de 2009

¡Adiós Maestro Picio!

Dedicado a Fran de Villanueva


A petición de Francesco se narrarán las últimas acciones de Marckopole en las inhóspitas tierras de Malavilla.

Llegado el mes de septiembre, nuestro profesor acudiría para poner exámenes y notas. Dos mañanas a lo sumo y Marckopole pondría rumbo a Venezia.
La primera mañana transcurrió con normalidad: saludos a algunos compañeros que preguntaban por nuestra continuidad allí. ¡Ni por todo el oro del mundo! Fue el primer pensamiento. La respuesta fue más razonable: “No. Me han destinado a Trieste, cerca de casa”. “¡Qué pena. Con la autopista que nos han hecho, ahora vendríais mejor! – expuso Renata, una orientadora. Sí. Ahora sí que va a estar solicitado este centro - pensó nuestro profesor.
Marckopole estuvo presente en el examen de 1º de Bachillerato, después recogió los exámenes de 3º que le correspondían corregir y volvió a casa, pues al día siguiente las notas debían estar puestas. La verdad es que de 3º se habían presentado pocos ( 3 de 15 alumnos suspensos). Septiembre es una buena oportunidad para intentar aprobar el curso, pero... ¿Cómo va a haber alumnos estudiando un poco en verano mientras otros se lo pasan bien todo el día? ¡Es una injusticia! “Nada, nada profe. Yo ya se lo he dicho a mi madre” – decía Peroto de 15 años y 9 meses en junio – “ yo voy a repetir 3º”. Evidentemente Peroto debía seguir descansando. ¿Para qué esforzarse? Llegar a 4º es una cuestión de tiempo.

El jueves eran las sesiones de evaluación. Marcko tuvo suerte ya que las cuatro las tenía por la mañana. En una de ellas, de 3º, a la alumna Coloma Algerina le habían quedado 3 suspensas para septiembre, tras habérsele aprobado, por lo menos, dos en junio. Aunque el profesor de Educación Física adujo que “le había aprobado sin presentarle el cuaderno de ejercicios, debiéndole un jamón por el favor”. En septiembre las notas las tiene que decir cada profesor en voz alta según el orden en el que las materias aparecen en un cuadrante. Marcko era el primero: “Geografía un 2”. Siguiente, Matemáticas. El profesor dudaba: “Pueees... ehm... un 5”. Siguiente, Física y Química: “Pues... otro 5. Vaya con el de Sociales”. La alumna pasa a 4º con una única materia suspensa.
Tras estas evaluaciones apareció el jefe del departamento de Geografía, Jacobo Balicón quien le informó de una reunión al día siguiente para tratar una reclamación. En fin, un último día más allí. Marckopole, a pesar de que tenía un destino nuevo, no veía el momento de desaparecer del Maestro Picio.

Viernes por la mañana en el autobús. Nuestro profesor se va encontrando con sus colegas que van a la reunión. Hay pueblos con calles cortadas pues son las fiestas y el autobús para en las afueras y sigue su ruta.
Llegada a Malavilla. En el instituto no se ve a nadie, salvo a conserjes. Alguna de las colegas sugiere ir a secretaría a firmar las actas de junio. Subida a la 2ª planta y petición de las actas. Al ser cuatro y tener cursos distintos debían sacar varias hojas, pero al secretario-cacique de aquel chiringuito le molesta que estuvieran sacando las actas de un cutre archivador(advertía que le habían perdido dos en junio) y que las firmaran allí mismo (de pie) , porque no le dejaban atender al público (sólo había dos personas) y quedaba la mitad del mostrador libre. Marcko le dijo que tenía espacio suficiente y el individuo decía que “él era el encargado de gestionar aquel espacio” mientras seguía encima, mirando como firmaban e intentaban meter las actas en el cutre archivador, hecho que le ponía de los nervios. Marcko le advirtió que les dejara en paz porque sólo quería poner cuatro firmas y marcharse. Finalmente, las colegas consiguieron apaciguar a Marcko y éste no cometió un tonticidio. Realmente aquel Australopithecus necesitaba que le dieran varias manos de pintura civilizadora. ¡Qué pena de ser!



A continuación paso al edificio de enfrente y subida al departamento. Allí, Marcko y Venancia llegan antes y miran los estantes. De repente, apareció Jacobo Balicón quien berreó: “¡A quién se lleve un libro, me lo como!” Menuda declaración paleta y miserable. Marcko se giró y le respondió: “Pues conmigo lo vas a tener difícil”. “¿Por qué?”- preguntó el cretino jefe. “Porque yo estoy muy duro”- respondió nuestro profesor. Al jefe se le iban bajando los humos y concedía: “Bueno, no me importa que os llevéis revistas y bla, bla, bla...” Otro dueño de chiringuito que se cree Napoleón.
Sentados en torno a la escasa mesa, Jacobo sacó una sola reclamación y empezó la indignación. Teresa preguntó “¿cómo es que nos reuníamos hoy para ver una reclamación que ayer en 10 minutos la podíamos haber resuelto?”
Verónica preguntaba por la ausencia del director. Jacobo argumentó que no era imprescindible su presencia. Verónica replicó: “Vamos a ver. Me he levantado a las 7 de la mañana para llegar aquí a las 10 y que este individuo, miembro del departamento, que vive aquí, no esté presente. ¡Vamos, me parece injusto! Haz el favor de bajar y decirle que venga” – reclamó Vero. Dicho y hecho.
Al cabo de unos minutos, Esteve Doble entró sin saludar, se sentó, miró el examen calificado con un 0 (nota ratificada), preguntó la decisión tomada y se marchó sin despedirse. El director estaba trastornado y acabaría hablando con las paredes.
La sensación de pérdida de tiempo aumentaba. Además, si no había que firmar ningún documento, la respuesta a la reclamación podía ser cualquiera, pues el jefe la estaba redactando en un portátil. Aquello se podía haber hecho el día anterior. Apenas había cuatro profesores en el centro. ¡Qué pena! Otra muestra de surrealismo la daba el bobo de Jacobo. Pasa lista de los miembros del departamento y le pone falta a Gertrudis Tinta, ¡profesora ya jubilada!
Marcko y sus compañeras salieron del departamento, mientras Jacobo desde dentro decía. “¡Oye, que dejéis los libros por ahí!” (libros de texto) . Teresa le comentaba a Marcko: “Sí, sí. Yo ya los he dejado en mi casa”. Ja, ja
Si el jefe hubiera tenido sentido común se habría despedido con un :” Adiós-hasta luego-que os vaya bien”, sin embargo, la imbecilidad le cegaba.
Fuera del recinto la sensación era de liberación al haber terminado con aquel antro de tarados, aquella ruina física y moral.

Subidos en el autobús dieron un colectivo corte de mangas dirigido al centro y salieron de ese villorrio con la esperanza de destinos mejores.
Marckopole iniciará otras aventuras y aquí cierra este periodo en el infausto Maestro Picio, agradeciendo a las buenas personas que conoció como: Teresa, Verónica, Eliza, Marcello, Luigi, Francesco, Amedeo, Giuseppe di Toro, Chiara, Carmine, Giuseppe Antonello... deseándoles lo mejor en sus vidas.

lunes 22 de septiembre de 2008

Fuera de servicio

Afortunadamente, el mes de junio había llegado a Malavilla y Marckopole veía la luz al final del túnel. Por fin acabarían las expediciones al lejano y salvaje oeste y terminarían sus tratos con los aborígenes. Lo importante era salir indemne de aquel centro, dirigido por un trastornado y amparado por una secta paleta, escasa de empatía y de sentido común.

Los últimos días del curso no fueron especialmente conflictivos, pues la mayoría de los abonados a la expulsión, hacía tiempo que no aparecían por clase. Aquello fue un paulatino despoblamiento de las aulas, sobre todo, por parte de los alumnos de 1º de bachillerato y del 2º ciclo. Sin embargo, tres días antes de terminar las clases se daba el caso de que algunos venían sin ningún material escolar, “porque ya no se da clase”. Entonces ¿para qué venían? Esa actitud estimulaba a Marckopole a dar su clase y a requerir la atención de los demás a sus explicaciones.

A pesar del descenso de conflictos, sí hubo algunos casos: La pelea entre dos alumnos de 1º de eso: Metela Gamba, una negrita corpulenta, y Guifré Ido, un aborigen del valle. El resultado fue que en el fragor de la lucha, Guifré le arrancó una de sus trenzas a Metela, que quedó sobre el suelo como prueba de la brutalidad del muchacho. Finalmente, ambos fueron expulsados unos días. Antes, se quedaron en la llamada “aula de convivencia”, que dicho en veneciano era “aula para castigados”. Marckopole, como profe de guardia de recreo, tuvo el honor de ser asignado a dicho aula durante un recreo. Allí, Guifré Ido se dedicaba a hacer dibujos y pelotas de papel con ellos, mientras Metela Gamba no decía ni pío, ni se movía, con la mirada perdida.

El último día de clases había pocos alumnos en el centro, pero la mayoría era del primer ciclo (13-15 años). Marckopole recuerda a una de las conserjes entrando y saliendo con frecuencia de la sala de profesores advirtiendo que “abajo la estaban liando Artur Ulato y Feli Penjat”. ¡Qué encanto de criaturas! La conserje buscaba a un profesor de guardia, pero allí no parecía haber ninguno con esa función, aunque había que preguntarse: ¿Dónde estaba el profesor que debía darles clase? Ausente. ¿Dónde estaban los cuatro jefes de estudios? De compras por Malavilla. ¿Y los profes de guardia? Para Marcko, estaban en la sala, callados, haciéndose los tontos ( no les costaba mucho trabajo) . Cuánta desidia.

Por la tarde, antes de empezar las sesiones de evaluación, Verónica y Eliza entraron en la sala de profes y se dirigieron a Marcko: “- ¡Oye! ¡Tenías que haber visto cómo está el servicio de los de 3º!”
- “¡Sí! – exclamó Marcko- “¿Cómo está?”
- “Ven, vamos” – dijo Eliza
Ambos se encaminaron por los angostos pasillos del insti hacia la zona de 3º. Torcieron hacia la derecha y otra vez hacia la derecha.. Allí el panorama era palmario


Marckopole se interrogaba sobre lo que había ocurrido en ese espacio:
¿Habría entrado un orangután y se había colgado del falso techo? ¿Los retorcidos alumnos metieron un burro en el servicio y éste, animalito, intentó buscar la salida a su manera? ¿Algún alumno suspendido por un malévolo profesor se suspendió del techo y provocó ese estropicio?


Los destrozos eran evidentes, pero nuestro profesor se preguntaba si nadie vio ni oyó nada.
Eliza y Marcko decidieron que aquella muestra de irracionalidad debía ser plasmada gráficamente, para alumbrar a las autoridades educativas sobre los desviados modales de ciertos educandos.¿Enseñaría modales la pretendida “Educación para la ciudadanía”? No estaría mal.
Así pues, Eliza, arriesgando su físico, (había plafones colgando del falso techo) retrató con detalle los efectos del atentado.


Asimismo, con toda lógica, alguien puso un cartel en la puerta avisando de que el servicio estaba fuera de servicio (valga la redundancia). Con razón, el director sonado había afirmado que no valía la pena hacer reformas en el edificio. Los técnicos le aseguraron que era preferible hundirlo y construir uno nuevo. El centro era como un barco con innumerables vías de agua y un capitán que lo estrellaba continuamente contra las rocas. El buque se hundía sin remedio y Marckopole saltaría antes de ser engullido por las oscuras aguas de Malavilla.

sábado 13 de septiembre de 2008

El disputado aprobado

Dedicado a María de Móstoles



A partir del mes de mayo, el curso se acaba para algunos. Por ejemplo, a mediados de mes, 2º de Bachillerato termina, pues hay que matricularse para la selectividad.
Aprobar todo en mayo supone poder optar a los estudios universitarios o profesionales deseados. No obstante, había alumnos con materias suspensas que presionaban a los profesores para que les aprobasen por su cara bonita.
El nivel de cinismo era elevado cuando los alumnos afirmaban que habían asistido a clase, hecho los ejercicios, mostrado interés y demostrado buen comportamiento. Evidentemente, o tenían poca memoria o habían estado en otra clase.
El papel de algunos padres era infame cuando trataban desconsideradamente a los profesores y les decían que “habían venido por las buenas para que aprobasen a sus hijos porque sólo les quedaba una”. La pregunta es: ¿Cómo (les) aprobaron las demás? Esto ¿qué es? ¿Un despacho de notas a gusto del consumidor?
Si el profesor es digno no se rebajará a rendir un aprobado inmerecido, que sería como pagarle a uno por el trabajo que no ha hecho. Entonces, el padre o la madre amenazaba con poner una reclamación. Este trámite sólo era válido para solicitar la revisión del examen y la amenaza no era necesaria. El departamento en cuestión se reunía, revisaba el examen y decidía. Marckopole sospecha que muchas reclamaciones eran estimuladas por el equipo directivo y los profes-colegas-de-alumnos. En un pueblo como aquel, el caciquismo seguía presente y se pedían y daban favores.¡Qué peeena!

A Teresa, profe de un grupo de 2º de Historia de España le habían presentado 11 reclamaciones. De ellas, 5 se desestimaron al instante en el departamento, porque eran alumnos aprobados que pedían que se aprobase a un compañero.¡Cuánta solidaridad!
El resto solicitaba que les aprobasen, cuando sus exámenes no llegaban ni al 4.
En fin, hora y media en el departamento para responder a cada una de las absurdas peticiones. También el cretino del jefe de departamento, Jacobo Balicón aportaba su “ pizca de sentido común”. “Es que en 2º de Bachillerato como ya se obtiene un título, los padres se pueden presentar con un abogado para ver exámenes, ejercicios, etc. y pueden llegar a la inspección para que les aprueben”.
“¿Y qué?” respondió Teresa – “Yo le presento a mi abogado. ¡ A ver si se creen que aquí nos van a mangonear!”
Dicha profesora sufrió el acoso de otros profesores cuando en la sesión de evaluación extraordinaria de 2º de Bachillerato, resultó que al alumno de 20 años, Enric Arota, sólo suspendía Historia de España con un 0 en el examen. Los profesores que hablaron en la sesión le pedían a Teresa que le aprobase ¡Vaya manera de devaluar la enseñanza! El nivel de ruindad aumentó con el tutor del grupo Fermí Serable, quien le soltaba lindezas como: “¿Vas a poder dormir bien esta noche? Lo que has hecho va a caer sobre tu conciencia”. Además, Teresa, desconcertada, argumentaba que: “Por esa regla de tres,¡ deberíamos aprobar a los que no se han presentado al examen!” A lo que el trastornado tutor respondió: “Pues es otra posibilidad que se podría considerar”.
Posteriormente, Marckopole tuvo unas palabras con el rastrero tutor y le reprochó su indigna actuación por coaccionar a la profesora.

Al día siguiente, las notas se publicaron y vino Enric Arota para hablar con Teresa:
-“Yo te pido un favor personal. Es que mi padre me ha apuntado a una escuela de pilotos y ha pagado 6000 euros de matrícula y la edad máxima para inscribirse es 21 y ya tengo 20 y me hace falta el título de Bachillerato”.
-“¿Quieres ver el examen?” apostilló Teresa.
-“No, no lo quiero ver. No estudié mucho, pero... tu ya sabes que he sido un alumno ejemplar: he venido a clase y casi apruebo los exámenes...”
-“Mira – contestó Teresa- no me has entregado ni un resumen de los que te he pedido. Has faltado 20 veces a clase. ¿Dónde está tu ejemplaridad?”
- “Entonces... ¿no me vas a aprobar? Es que es una oportunidad única” – imploró Enric Arota.
- Mira. Yo no tengo la culpa de que tengas 20 años y de que no hayas estudiado. Yo lo siento mucho, pero no puedo. Cuando tengas un trabajo y demuestres responsabilidad comprenderás que debes cumplir con tu obligación para obtener resultados positivos”.

Finalmente, según contó Enric Arota, consiguió que le hicieran una ¿rebaja? por no tener el título y entró en la escuela de pilotos de Louis Gosset Jr. y allí sí que se enteró de lo que costaba ser piloto.

viernes 15 de agosto de 2008

(Casi) nadie te defiende.

La comunidad educativa es una sociedad que se rige por una serie de normas para procurar su buen funcionamiento. Dentro de estas normas están las de convivencia, para permitir que los alumnos se respeten entre ellos y que éstos hagan lo mismo con el profesor.
Ninguna falta puede quedar sin sanción, pues es conveniente que los alumnos aprendan a convivir y no confundan el instituto con un lugar donde dar rienda suelta a sus apetencias.
Por otra parte, Marckopole tenía dentro de su horario, dos clases semanales de una de esas materias pierdetiempos llamada “Actividades de estudio”. ¿Cuál era su contenido? Ninguno. ¿Era evaluable? No, claro. Esta materia (por llamarla algo) era una alternativa para los que no quieren estudiar religión católica y, en teoría, deberían hacer sus tareas, estudiar, preguntar dudas al profesor, etc. Marckopole no comprendía porque había materias sin contenido y sin evaluación. De este modo, esas horas quedan devaluadas y el alumnado, que no tiene una inclinación natural por el estudio, cree que es tiempo libre para hablar o escuchar música y el profesor debe mantener el orden.
Realmente sería necesario corregir este aspecto del maltrecho sistema educativo español, pero los responsables políticos de este desatino no van a mover un dedo.
Además, Marckopole no había elegido ni esa materia, ni a ese grupo (2º de eso). Su elección fue “Historia de las religiones” en 3º de eso. Sin embargo, cuando recogió su horario el estulto director le dijo que había tenido que arreglar los horarios como había podido. Ya nuestro profesor comenzaba a comprobar su negligencia.
Dicho grupo se componía de unos 12 alumnos, la mayoría marroquíes. Algunos alumnos no venían a hacer nada de provecho y otros hacían sus tareas y, de vez en cuando, preguntaban algo.
Un día una alumna llegó con retraso al aula. Era Babar, una estilizada marroquí vestida como los occidentales y cargada con su mochila. Entró y recorrió el corto espacio que había hasta la pizarra. Allí, volvió la cabeza , miró seriamente a alguien de atrás y comenzó a llorar. Marckopole le preguntó si quería ir al servicio para despejarse. Ella negaba con la cabeza, mientras los demás alumnos estaban expectantes. Entonces el profesor salió de la clase con ella, cerró la puerta y le preguntó si le podía contar lo que le pasaba. Ella le dijo:
- “Profe. Es que hay un chica que me pega. Hoy en el recreo estaba en el servicio y ha venido ella con otras y me ha estado empujando”. Babar mostraba el antebrazo magullado. “Y encima había gente en el baño y nadie me ayudaba, nadie te defiende. La gente tiene miedo.”
- “¿Se lo has dicho al jefe de estudios?”- preguntó Marckopole.
- “Sí, se lo he dicho antes de venir a clase pero me ha dicho Marta Padera que no me podía atender y que hablaría con esa chica”. “Profe – prosiguió Babar entristecida- la culpa es de Ana Cardo, la de mi clase, porque ella le dice a Mónica Morra, la chica que se mete conmigo, que yo la critico o la insulto, y eso es mentira. Entonces ella viene desde su clase a insultarme y a pegarme con otras. Porque si fuera una, yo me defiendo, pero es que viene con más. El otro día, entre clase y clase, entró y me cogió del cuello y yo me defendía pero... profe, yo ya no tenía fuerzas y no podía respirar... Menos mal que llegó el profe de Ciencias y nos separó.”
Babar relataba apenada sus encontronazos con la individua y Marckopole se preguntaba porqué no se actuó desde jefatura de estudios desde la primera agresión.
-“Profe. Yo no he tenido ningún problema con nadie en este instituto. Bueno, sí, con esa chica hace dos años, pero ahora que está acabando el curso y hay exámenes... Yo no puedo estudiar, porque tengo miedo de que esta chica me pegue por la calle. Además no quiero entrar en clase para ver a Ana Cardo”.
- “Si quieres – dijo Marcko – puedes irte a clase de religión ahora. Cuéntale todo a la jefa de estudios y si no ponen medidas, podrías denunciar a esa chica.”
- “Sí profe. Yo se lo voy a decir a mi madre y la voy a denunciar porque yo no quiero estar así.”
Babar se marchó al aula de religión y Marckopole volvió a entrar en el aula donde los marroquíes y Eduard Boig habían aprovechado para hacer el mono o la cabra o ambas cosas a la vez.
Acabada la hora de la “clase”, Marcko subió a la sala de profesores y, al llegar a la puerta, vio a Teresa, la tutora de Babar y le preguntó: “¿Te ha contado Babar lo que pasa?”. Ella contestó indignada: “¡Vaya! ¡Si ya estaba la otra esperando en la puerta para pegarla! ¿Y por qué tiene que pegar a la mía?”
Seguidamente, María Margada, otra jefa de estudios, habló con Babar y con Teresa y Marckopole marchó a otra clase.

Al día siguiente, Marckopole se cruzó con Marta Padera y le preguntó si tenía conocimiento del caso de Babar.
- “Pues sí – respondió la jefa de estudios- “ Lo que pasa es que Babar ha denunciado a Mónica Morra a la Guardia Civil sin decirnos nada, cuando nosotros llevamos tiempo detrás de Mónica”.
- “Sí, pero a Babar la habían golpeado y ella me enseñó las marcas. Además dijo que nadie la defendió en el servicio. “ – adujo Marckopole.
- “Bueno, bueno... – dijo Marta – “A Babar ya la conocemos. No salió a pedir ayuda, cuando había profesores de guardia en el patio. Mónica Morra es un chica con problemas, que vive con una familia de acogida. Babar no. Ella vive con su familia. Es que es un caso delicado...”
Finalmente, la agresora fue expulsada tres días del centro y Ana Cardo, la instigadora, siete.
Evidentemente, Babar no era una mosquita muerta, pero seguía sintiendo miedo. Durante el recreo no se separaba de la puerta de acceso al aulario, cerca de los conserjes. Mónica Morra tendría sus problemas y serían comprensibles pero no se podía consentir su matonismo. Tal vez al negligente equipo directivo le molestó la denuncia a la Guardia Civil, pues ponía en evidencia su tardía y deficiente actuación. Los alumnos deben sentir que se hace justicia y que los matones no tienen sitio en la sociedad. La ley está de nuestra parte, aunque a veces hace falta diligencia y valor para aplicarla.

martes 1 de julio de 2008

"Fashion's victims' classroom"

Dedicado a Alfonso de Linares y a Pilar de Ciudad Real.

En el “Maestro Picio” hay una clase particular: 1ºA, más conocida como la clase de las “victim”. Ahí, la mayoría femenina (sólo hay un chico) ha diseñado el aula a su gusto como se puede ver.


No queda pared sin decorar con dibujos de nubes, estrellas, mariposas, lunas, corazones... En una segunda fase, las chicas, enamoradas y esclavas de la moda, colocaron dibujos más grandes de personajes tales como: la caperucita, el lobo, winnie the pooh, el gato de Shrek, bambi, hadas, etc. Asimismo, escribieron sus nombres en folios rodeados de estrellitas y remolinos. Tal vez si fuera un 1º A de E.S.O. se podría comprender esta decoración infantil, pues los alumnos de ese nivel tienen edades entre los 12 y 13 años. Sin embargo, el 1º A “fashion” es de Bachillerato (16, 17 e incluso 18 años).

En la evaluación final, Marckopole le comentó a Carmine, la tutora del grupo, que aquello parecía una guardería y que les distraía mucho. Ella le dijo que prefería que pareciese una guardería antes que tener las mesas rotas. Pues sí, tenía razón, pues las bestias ociosas eran mayoría en el instituto y los destrozos, diarios.
Por otra parte, era posible dar clase, aunque a veces estuvieran más ocupadas en contarse secretitos o de mirarse en el espejito la disposición del flequillo o la sombra de ojos, y claro, así ¿cómo se podían enterar de la unificación italiana o de la revolución de octubre?
En una ocasión, Marckopole entró en clase para hacer un examen. Las mesas ya estaban dispuestas en filas al igual que las chuletas, pero hubo algo que le llamó la atención. Al fondo del aula había una mesa con unos 20 ó 30 botecitos de pintauñas. ¿Irían a hacer alguna actividad con ellos en alguna materia? Qué raro pues ya no tenían Plástica. ¿Habría entre ellas una representante de cosméticos? Esto era más probable.
Al terminar el examen algunas se fueron a la mesa del fondo y Soraya les dijo: -“ Os los he traído para que cada una coja el que quiera”. Dicho y hecho. Debo, Vane, Cris, Mery y Laury comenzaron a probarse los pintauñas y pronto se percibió a distancia el fuerte olor que desprendían. Deberían emplear una mascarilla para protegerse. ¡Aquello olía a barniz!
Otro de los profesores que se asombraba en la clase “fashion” era Amedeo, el profesor de Griego. Aunque el asombro era tanto por el comportamiento infantil de las “fashion” (risitas, notitas, etc.) como por su bajo nivel en la materia (demasiadas abonadas al 1).
Un día, Amedeo entró en el aula y... ¡sorpresa! Mesas y sillas arrimadas a las paredes y las “fashion’s victims” haciendo un baile. Estaban ensayando una coreografía para Educación Física, pero no un baile cualquiera, sino de lo más “in”. Amedeo podría haberse quedado como espectador o haber dirigido la coreografía al ritmo de: un, dos, tres, cuatro. Abajo, aaarriba, ¡uh! ¡ah! También podía haber dicho eso de :”La fama cuesta y vosotras vais a sudar para conseguirla” ¡Y tanto! Aquello parecía una sauna. De todas maneras no les quedó mal la coreografía.

Finalmente, Amedeo se autoimpuso la cordura y dio su clase de griego, aunque el ambiente no fuera propicio. El deber es el deber.
La verdad es que aquella clase aparecía como una isla dentro del mar de tosquedad de Malavilla. Las pobres “fashion” debían recorrer 60 km. hasta alcanzar un centro comercial en condiciones donde adquirir los complementos y cosméticos apropiados para construir su imagen y personalidad “fashion”: bolsos de Dulce Gabacha, gafas de Man Ray, crema facial Pavón, perfumes “Agua d‘ortigas” “Eau de Porc” y algún vestido de Palentino.
Sin embargo, tras emplear un tiempo considerable en conformar su estilo ( el tiempo dedicado al estudio podía esperar), el resultado era dispar: cabello bien cortado, teñido y peinado, buen maquillaje facial, camiseta y pantalones de Sara, manoletinas de Tábata de la Pampa... Hasta aquí, todo más o menos bello y elegante.
No obstante, el carácter “fashion” adquiría en algunas alumnas una nueva dimensión al carraspear, hurgarse la fosa nasal o realizar fuertes inspiraciones que inspiraban algo más que aire... Dicha dimensión quedaba rematada con su particular conversación:

- “¡Tía. Mira como va la Jeny!”
- “¡Arrea tronca. Que lleva el mismo top delotro día. Vaya guarra!”
- “ Esa de seguro que la dan la ropa”.
- “Pos sí. De seguida va largando de que compra en Sara.”
- “Sí, pos no te fastidia. Ande compra es en el de tó a 2 euro”.

En fin, aunque la mona se vistiera de seda, mona se quedaba. Era el carácter general de Malavilla.

jueves 26 de junio de 2008

Los miserables (3ª parte)

La profesión docente requiere un estado de salud física y mental pleno o, por lo menos, aceptable. Si no es así, es preferible no acudir al centro , pues los profesores siempre tienen una o varias clases en las que deben mantener a raya a alumnos con incontinencia verbal, alteraciones de conducta o de agresividad manifiesta. Evidentemente, si la salud flojea, el sufrido docente podría caer en acto de servicio, cual herbívoro ante las fieras de la sabana.


Un día, Marckopole fue afectado por unas terribles fiebres malavillanas que le impidieron ir un viernes a Malavilla. Pasó el fin de semana tomando algunas pastillas y el lunes decidió volver al instituto. No es que se sintiera totalmente repuesto, pues tenía las articulaciones doloridas, pero fue. Una vez allí, tras contestar a las solidarias preguntas de sus compañeros, aprovechó un hueco para rellenar la hoja de justificación de faltas y aportar un justificante personal.
Pasadas dos semanas, Marckopole encontró una nota del director en su casillero. En ella le advertía de que debía entregar un documento justificativo sobre su ausencia aquel día. De lo contrario, siguiendo las indicaciones del servicio de inspección técnica, se haría una “oportuna deducción de haberes”.
¿Qué hacer? Marckopole emprendió una expedición hacia su residencia y pidió una cita con su doctora de cabecera, Paloma Lospelos . Sin embargo, ante la petición de un justificante para el día de marras, la respuesta fue negativa: “Lo tenemos prohibido”. “Tenías que haber venido el mismo día o haber llamado por teléfono al centro de salud”.
“Sí”- contestó nuestro profesor- “Pero aquel día no tenía ganas de nada”.
Entonces se le ocurrió que podía presentarle a Esteve Doble una relación de lo que le sucedió, avalado por quienes constataron que estaba enfermo, incluido su colega Francesco.
Dicho y hecho. Además, para asegurarse de que el nuevo justificante llegaría a su destino lo pasó a través del registro de la secretaría del instituto. “A ver si le parece válido” pensó Marckopole.
Aquella mañana transcurría sin mayor novedad, cuando antes de empezar la 6ª hora vino el conserje y repartió una serie de cartas a Luigi, Marcello, Chiara y a Marcko. En ellas se anunciaba la “deducción de haberes” por no haber justificado la ausencia dicho día.
Claramente se había comprobado la consideración de Esteve Doble ante el justificante presentado por Marcko unas horas atrás. A los colegas de nuestro profesor les había pasado más o menos lo mismo: un día enfermos y no fueron al médico. Como decía Luigi, “yo creo que este director tiene una falta de comunicación”.
Marcko se sintió bastante enfadado y, al lunes siguiente, le pediría explicaciones a aquel individuo conocido como Esteve Doble.
De esta manera, ese lunes accedió a la sala de profesores y vio al director. Marcko le mostró la carta firmada por el individuo-director. Éste le dijo que había seguido las instrucciones de inspección (que debe ser algo así como un estadio intermedio entre la divinidad y el mundo terrenal) y que el profesor hablase con ellos y viera cuáles eran los justificantes que se podían presentar.
- “Yo te presenté un justificante” – afirmó Marcko.
- “Ya, pero tú no puedes firmar un justificante”- repuso Doble.
- “Esto es injusto” – insistió Marcko.
- “ Yo no voy a entrar si es justo o no. Habla con inspección y bla, bla, bla” – proseguía el individuo-director.
- “En un centro normal no harían esto” – le espetó Marcko.
- “Ah. ¿Entonces esto no es un centro normal? – preguntó Doble indignado.
Marcko negó con la cabeza y le dijo que esperaba que siguiera con la misma ecuanimidad con el resto de profesores.
En fin, docentes, si caen enfermos y no pueden ir al centro educativo, preocúpense primero por obtener el justificante preceptivo y después ya se recuperarán.
La verdad es que el director ya ha dado muestras de sus carencias: falta de empatía, comprensión y, sobre todo, de sentido común. Si Marckopole fuera un absentista, pues sería lógico exigir rigor, pero aquel día de abril fue el primero que faltó en el 2008, es más, Chiara había faltado dos días y era el primero que no presentaba justificante.
Por lo tanto, Marckopole supone que a Esteve Doble, el Alto Servicio de la Incompetente Inspección Técnica, le habrá otorgado la medalla a la Persecución y Sanción del Docente Ausente, y lo podrá incluir entre sus méritos para promocionar en el escalafón de directores miserables. ¡Qué pena!

sábado 10 de mayo de 2008

Los miserables. (2ª parte)

Capítulo aparte merece el director del I.E.S. “Maestro Picio Mayor”. En relatos anteriores Marckopole narró algunas de las ocurrencias del que, de acuerdo con la ley, es “el jefe del personal docente y no docente”, el que “debe velar por el cumplimiento de la ley” , “velar por el buen funcionamiento del centro” etc, etc.
En el caso de Esteve Doble, aunque sea un director novato, ya ha demostrado sobradamente sus carencias para el cargo.
Un ejemplo sería los 3 grupos de 1º de E.S.O ( que hasta el nombre es feo), formado por alumnos desquiciados. Ahí están los repetidores, inmigrantes y , ¡qué extraño! los conflictivos. Aquí la responsabilidad del director es manifiesta, debido a que confeccionó los grupos por optativas, según él. De este modo, 1º A, B y C son grupos en los que no hay repetidores, todos escogieron Francés y , en ellos están la hija del director, la hija del anterior director, el hijo del profesor de latín, el hijo del profesor de educación física... ¡Qué casualidad!
Mientras, en los grupos D, E y F están los alumnos problemáticos y otros que, sin serlo, se han malogrado influidos por el mal ambiente, o se han inhibido. Es evidente que el director, Esteve Doble, en una exhibición de nepotismo, formó los grupos para privilegiar a unos cuantos a costa de fastidiar a bastantes. A veces, Marckopole piensa en el relato de Verónica, cuando en medio del caos de 1º E, le preguntó a unas alumnas: “ ¿Y esto es así en todas las clases? Sí profe, en todas. ¡Qué mala suerte hemos tenido! “ Se lamentaron las alumnas. La verdad es que es para compadecerlas. Una hora, otra y otra, hasta 6 y, después, un día tras otro hasta 5 y... el lunes, vuelta a empezar. El director es responsable si respondiera, pero como no responde será un irresponsable, un inepto. Tanto como el almirante francés Villeneuve, quien tras su incompetente dirección de la flota hispano-francesa frente a la británica y , sabiéndose destituido, lanzó a la flota contra la de Nelson en Trafalgar, en contra del parecer de los españoles que apostaban por presentar batalla a los ingleses en el refugio de la bahía de Cádiz. A pesar de la lucha de los españoles, el resultado es conocido.


En una ocasión, Eliza Parsons, la profesora de inglés daba clase ( o lo intentaba ) en 1º E, los viernes a última hora ( una de las peores horas). En aquella jaula de monos el desquiciamiento era generalizado: alumnos de pie, deambulando, dando patadas a pelotas de papel, saltando por encima de las mesas... y, claro, Eliza quería dar clase. Ella ya había estado en institutos peores, pero aquello no tenía nombre.
Viendo que la jauría no paraba, Eliza pidió a una alumna normal, (de esas a las que le hablas, te entiende y te responde), que trajera al jefe de estudios. Rápidamente vino Marta Padera, una de las jefes de estudios adjuntas, la más competente del equipo directivo. Sin embargo, tras lanzar varias advertencias no tuvo éxito y se marchó.
La locura de 1º E continuaba y Eliza volvió a pedir a la alumna normal que llamase a la jefa de estudios. En esta ocasión, también bajó el director, pero sus habilidades para restablecer el orden fueron inútiles. Marta le dijo a Eliza: “ Me voy a llevar a Pere que está muy nervioso”. Y los demás ¿no lo están?- pensó la profesora.
Al ver a Marta marcharse, el director comprendió que era oportuna una retirada conjunta y, al salir, le comentó a Eliza: “ Yo, a los que entráis en estas clases, os admiro”. ¡Qué halagador! ¿Qué pensaba hacer a continuación el ínclito director? ¿Pedirle un autógrafo dedicado a su privilegiada hija? ¿Cómo se puede tener tanta caradura?
Finalmente, Eliza capeó la clase como pudo y, tras tocar el timbre salvador, subió a la sala de profesores. Allí, en el umbral de la puerta le esperaban Esteve Doble y Marta. Eliza iba con el paso presuroso y el rostro tenso (efectos normales tras estar en 1º E) y pensaba: “ Como éste me diga ahora alguna tontería, lo estrangulo”. Entonces el director con su expresión de Papa Noel le dijo en un tono comprensivo: “Venga Eliza. Ten en cuenta que es el último viernes del trimestre.” Buen comentarista de la obviedad. Habría que haberle preguntado qué plan tenía para sobrellevar los 25 viernes restantes. Al final Eliza, descolocada por tanta demostración de estulticia, no puso sus manos en el cuello del director.
Por lo tanto, ¿es que el director no podía poner remedio a la situación? La respuesta es que sí, pues hay recursos legales, aplicando el decreto sobre la convivencia, repartiendo a los alumnos conflictivos por los distintos grupos, convocando a sus padres para que reconduzcan a sus hijos...Pero él no iba a hacer nada. ¿Por qué ? Porque se siente cómodo en su posición de mando como el ridículo “gran dictador”.


El profesor debe ser lo suficientemente maduro, diligente y profesional para “aguantar” lo que tiene en cada clase, según afirma el jefe de estudios Pau Lina, otro iluminado de la enseñanza. Marckopole dice “no” a todo eso. Que ningún profesor asuma que va a un centro a aguantar insolencias ni boicoteos en las clases. Un profesor va a dar clase y el alumno que no se comporte no es digno de estar en el aula. Y el equipo directivo debe respaldar al profesorado en esta tarea y si no es así, que dimitan o no se presenten a esos cargos.